Reseña de “El gran escape. Salud, riqueza y el origen de la desigualdad”

  1. Introducción

Screen Shot 2018-10-25 at 8.27.02 PM

“El gran escape. Salud, riqueza y el origen de la desigualdad” es un libro escrito por Angus Deaton y publicado en 2013, dos años antes de convertirse en Premio Nobel de Economía. La mayoría de sus lectores le dieron una buena calificación y tiene 3.8/5 y 4.1/5 estrellas en Goodreads y Amazon respectivamente. Christopher L. Eisgruber, presidente de la Universidad de Princeton, seleccionó este libro como uno de los mejores para Bloomberg Businessweek en 2013, distinción que junto con muchas otras muestra que en general lo disfrutaron tanto el público común como los expertos, incluso Bill Gates escribió una reseña positiva del libro en su blog a pesar de su claro desacuerdo con su último capítulo. El gran escape, a diferencia de otros títulos en el campo de la economía, puede leerse sin ser un experto en técnicas matemáticas, lo cual no significa que el autor no apoye la mayoría de sus argumentos con gráficos y datos. De hecho, mucho de lo que escribe está sustentado y puede ser evaluado por expertos, pero vale la pena mencionar que algunas de sus fuentes son limitadas y que el propio Deaton lo señala cuando explica la falta de datos disponibles en algunos países y las dificultades para medir el bienestar, pero a pesar de estas adversidades los datos mundiales y los gráficos son útiles como una aproximación.

2. Escapando de la muerte a través de la historia

Screen Shot 2018-10-25 at 8.29.28 PM

En El Gran Escape, Angus Deaton recurre a una película de 1963 con el mismo título para explicar con una metáfora que la desigualdad puede funcionar como escapar de un Stammlager (campo de prisioneros de guerra alemán). Algunos prisioneros logran salir de la prisión al igual que algunas personas logran progresar y alejarse de la pobreza e incluso de la muerte. Todos estaban igualmente atrapados antes de la fuga, pero después del escape se generó una situación desigual en la que algunos están mejor que otros. Los que escaparon pueden ayudar a otros a salir, pero también pueden destruir las rutas de escape dejando a todos los demás atrás y en un mal escenario, entre muchos posibles, algunos de los que ahora son libres pueden colocar trampas para que otros caigan en ellas y regresen al Stammlager. Si bien la desigualdad no funciona exactamente de la misma manera, según Deaton, hay una danza sin fin entre progreso y desigualdad que comenzó porque el primero generó la segunda.

“La desigualdad puede inspirar o incentivar a los que se quedan para ponerse al día, generando mejoras para ellos y para los demás. O la desigualdad puede ser tan severa, y las ganancias tan concentradas en unas pocas manos, que el crecimiento económico se ahoga y el funcionamiento de la economía se ve comprometido ”(Angus Deaton, 2013).

Estos argumentos se apoyan en un análisis breve y panorámico desde la prehistoria hasta 1800, 1800-1945 y 1945-XXI, en el que el autor argumenta que las bandas de cazadores-recolectores compartían sus recursos por igual y que los principales episodios de progreso, como el movimiento a la agricultura, trajeron consigo desigualdad (de la buena) para la población humana. Sin embargo, las brechas entre salud y bienestar material aún eran estrechas, de corta duración y no está claro si la revolución agrícola fue un avance en términos de riqueza y salud, puesto que si bien la vida sedentaria podía llegar a ser mejor, las nuevas enfermedades, la desnutrición y los gérmenes muy probablemente disminuyeron la esperanza de vida de la población de la época. Según Deaton, las mujeres comenzaron a tener más hijos al no tener que vivir como nómadas, pero la nueva estructura social no conducía a incrementos sostenidos de ingreso per cápita y la mayoría de los avances se revertían en malos momentos relacionados con hambrunas y epidemias. El mundo estaba soportando más bienestar total debido al incremento de la población y, en este sentido, el período agrícola podría considerarse como uno de progreso, pero la falta de mejoras en riqueza y salud muestra que la historia de los seres humanos es principalmente una historia de igualdad con moderados episodios de progreso y bienestar.

La desigualdad no apareció con fuerza hasta la revolución industrial y su éxito en términos de crecimiento económico. En 1750 es posible identificar el primer escape importante en términos de salud cuando la expectativa de vida de la aristocracia comenzó a alejarse de la que tenía la población general y años más tarde vino el emparejamiento cuando la expectativa de vida comenzó a aumentar de una forma más generalizada. La lucha contra la muerte fue muy exitosa para algunos países en los años siguientes, comenzando con Inglaterra y siguiendo con el noroeste de Europa, Canadá y los Estados Unidos, la esperanza de vida se incrementó exponencialmente. La población de Inglaterra y Gales estaba ligeramente por debajo de los 40 años en 1850 y aumentó a poco más de 60 años en 1945 según la Figura 4 del libro, tendencia que luego se expandió por todo el mundo. Sin embargo, la velocidad del proceso no fue la misma en todas partes y en algunos lugares el progreso ni siquiera llegó, el nuevo mundo de las diferencias era mejor para la mayoría de las personas, pero no para todos.

Una de las contribuciones más interesantes del autor es su explicación de este proceso. Deaton argumenta que el aumento en la esperanza de vida fue ocasionado principalmente debido a una reducción de la mortalidad infantil. Esta variable se mide generalmente con un promedio y cuando salvas a los niños, la media aumenta mucho más que cuando te concentras en los más viejos. Según el autor, el peso de la mortalidad infantil se puede entender fácilmente al identificar que de 1850 a 1900 la esperanza de vida al nacer era más baja que la que se tenía a los 15 años en Inglaterra y Gales. El saneamiento de los suministros de agua primero y los avances en la teoría de gérmenes, años más tarde, fueron los principales factores que permitieron la reducción de la mortalidad infantil durante este período.

El sector público fue muy importante en la implementación de la teoría de gérmenes y en el proceso de saneamiento, el mercado no lo hizo por sí solo: campañas de vacunación, promoción de buenas prácticas de salud personal y mejor higiene en el sector salud, fueron medidas de política pública que aumentaron la esperanza de vida. Sin embargo, la brecha entre los países comenzó a disminuir nuevamente después de 1945, probablemente debido a que los avances para disminuir la mortalidad infantil se volvieron difíciles. Si la mayoría de los niños ya sobrevivían, ahora era necesario extender la salud de adultos y ancianos, pero incrementar la vida de alguien que ya es anciano durante 1 o 2 años no es tan importante para el cálculo promedio como salvar a quienes van a vivir toda su vida. Ahora bien, esta podría no ser la única razón detrás de la disminución de la brecha en la esperanza de vida, el conocimiento dejado por aquellos que escaparon antes también puede funcionar como un atajo que permite a algunos países escapar más rápido que los que lo hicieron originalmente. En la segunda mitad del siglo XX, la esperanza de vida de los países más pobres se acercaba a la de los países más ricos  y esto siguió así hasta que se produjo la epidemia de sida en la década de los 90, la cual dejo de afectar con tanta fuerza años más tarde, por lo que actualmente la tendencia hacia una brecha más estrecha continua.

“Independientemente de que se lleve el crédito, no hay duda sobre el alcance de la reducción de la mortalidad. La ONU informa que, en el período de quince años comprendido entre 1950–55 y 1965–70, las regiones menos desarrolladas del mundo experimentaron un aumento en la esperanza de vida de más de diez años, de 42 a 53 años. Para el 2005-10, esto había aumentado en otros trece años, a 66 años. Aunque las mejoras continuaron en las regiones más desarrolladas, fueron mucho más lentas” (Angus Deaton, 2013).

No obstante, las principales enfermedades mortales a las que se enfrentan los países ricos en este momento son los padecimientos cardiovasculares y el cáncer.  mientras que en los países pobres las personas mueren debido a aflicciones que ya no son una amenaza para el mundo desarrollado: infecciones respiratorias, diarrea, tuberculosis y enfermedades infantiles relacionadas con la pobreza y los bajos ingresos. En los países ricos gran parte de las mejoras importantes del siglo XX en materia de esperanza de vida se debieron a que las personas dejaron poco a poco de fumar y de desarrollar problemas cardiovasculares y si bien esto también ocurrió en los países con menores ingresos, el alcance no fue el mismo debido a que hay muchas enfermedades que no se han podido erradicar en estos países.

Haciendo a un lado la idea de vivir más tiempo, Deaton aborda a grandes rasgos un tema más complicado cuando menciona que las personas también están interesadas en vivir vidas más saludables. Razón por la cual, es importante prestar atención a la morbilidad y las enfermedades que afectan negativamente la vida de las personas sin que esto signifique su muerte. En este apartado argumenta que las mejoras también son claras en este sentido debido a avances tecnológicos como: reemplazos articulares, cirugía de cataratas e ibuprofeno, que ayudan a aliviar situaciones desafortunadas que le ocurren a muchas personas. Pero en este caso, a pesar de que la intuición podría llevarnos a estar de acuerdo con el autor, éste no proporciona tantos datos y ni siquiera un solo gráfico con respecto al acceso que los países y la población mundial tienen a estos avances. Esta información adicional podría haber ayudado al lector a tener una idea más clara del progreso en morbilidad, pero el balance general dado por el autor en términos de salud parece ser positivo, ya que las muertes infantiles se han reducido incluso en los países no desarrollados, pero vale la pena preguntar entonces ¿cual es el balance en términos de desigualdad económica?

3. Pobreza, crecimiento económico y desigualdad

red-de-madres-1-780x405

La historia parece similar cuando se observan los datos proporcionados por François Bourguignon y Christian Morrisson en 2002 porque le permiten al autor identificar que el ingreso promedio de la población mundial aumentó entre siete y ocho veces entre 1820 y 1992, mientras que la pobreza extrema se redujo de 84% a 24%, pero en este caso la brecha de ingresos entre los países no se está reduciendo sino que se está ampliando aún más debido a un proceso llamado “La gran divergencia”. Para explicar esto el autor se encuentra con más dificultades que en los capítulos anteriores debido a que el mundo en su conjunto no proporciona datos adecuados y fáciles de entender. Es necesario convertir de dólar estadounidense a peso mexicano, de peso mexicano a euro, etc, y observar el tipo de cambio de acuerdo con la paridad de poder adquisitivo que tienen dichas monedas. Esto debido a que el precio en dólares de una moneda específica no refleja su poder adquisitivo real y la moneda de un país pobre podría estar subvaluada (los niveles de precios en estos países suelen ser más bajos que los de los países ricos).

Deaton comienza con el país que probablemente es más sencillo analizar, los Estados Unidos, y menciona que en 1929 el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita era de alrededor de $8000 y que después de corregir los precios es posible identificar que subió a $43,238 en 2012, pero el autor encuentra rápidamente su primer desafío cuando tiene que interpretar los datos porque, según él, el PIB no es un indicador perfecto de ingresos y en realidad es débil para calcular el bienestar.

“El PIB excluye actividades importantes, como los servicios de amas de casa, no tiene en cuenta el ocio y a menudo hace un mal trabajo de medir las cosas que están incluidas. También incluye cosas que posiblemente deberían excluirse, como desplazamientos, el costo de atender la contaminación o de construir prisiones”(Angus Deaton, 2013).

Por este motivo, Deaton toma este indicador como un buen lugar para comenzar, pero que es necesario complementar para obtener una mejor imagen del crecimiento económico. Con su análisis del PIB parece que hay una desaceleración similar a la experimentada en la esperanza de vida y que el crecimiento económico no está funcionando tan bien en los últimos años para los Estados Unidos, pero después de considerar que algunos productos y casi todos los servicios son difíciles de medir, señala que posiblemente a los contadores nacionales les este faltando contabilizar una parte del crecimiento económico debido a que los servicios, el internet y los productos electrónicos se conviertan cada vez más en una parte importante del PIB y al mismo tiempo son muy difíciles de medir. Algunas páginas más adelante y después de discutir lo que podría o no incluirse en los cálculos, Deaton afirma que la desaceleración del crecimiento económico parece tener sentido, que corregir el PIB podría ser difícil y que curar a este indicador podría ser peor que su enfermedad, por lo que decide pasar a diferentes temas relacionados con el bienestar material y otros indicadores.

El autor se enfrenta de inmediato a otra dificultad, calcular la pobreza tampoco es una tarea fácil y la línea de pobreza de los Estados Unidos, establecida en 1963, no se ha actualizado correctamente. Razón por la cual, Deaton recurre a un análisis de los ingresos en la parte inferior de la distribución e identifica que después de mediados de la década de 1970, la disminución general de la pobreza se ha desacelerado y probablemente se encuentra estancada, pero la respuesta no es concluyente. Además, el autor comienza a analizar la distribución del ingreso en los Estados Unidos, mostrando información sobre desigualdad económica que es típica en la literatura especializada. Usando el coeficiente de Gini, un número que mide qué tan separados están los ingresos de las personas, Deaton identifica que el número fue constante desde la Segunda Guerra Mundial hasta alrededor de 1975, pero después de ese año comenzó a crecer, los ingresos se separaron y la desigualdad aumentó, muy probablemente debido a la crisis económica.

Algunas de las secciones que se analizan más adelante en este capítulo parecen un poco triviales para el análisis internacional y no son ocupadas cuando Deaton decide hacer un análisis mundial, pero es interesante identificar que el autor apoya pequeños incrementos en el salario mínimo, analiza los ingresos más altos en los Estados Unidos y brinda una explicación interesante y creativa del aumento de la desigualdad en el ingreso familiar, ampliamente relacionada con parejas de poder y mujeres altamente educadas que escapan primero del Stammlager.

“Las esposas de hombres con altos ingresos ahora son más propensas, no menos, a tener altos ingresos ellas mismas. Las “parejas poderosas”, que ganan salarios altos, ayudan a fortalecer la parte más alta de la distribución del ingreso familiar… Mientras las parejas poderosas están estirando la parte superior de la distribución de ingresos, la parte inferior está siendo estirada por personas que no tienen pareja, especialmente por hogares que son encabezados por mujeres solteras” (Angus Deaton, 2013).

4. La explosión poblacional

population_20120711_600_855

En la última parte del libro, antes de pasar a dar sus recomendaciones, el autor habla sobre la globalización y el gran escape. Deaton señala que la caída de la pobreza global seguramente asombró a los comentaristas que en la década de 1960 decían que la bomba poblacional estaba amenazando todos los niveles de vida. La ecuación original era que si los bienes del mundo se compartían entre más personas, cada persona obtendría menos, pero el mundo agregó 4 billones de habitantes en los últimos cincuenta años y la población actual vive, en promedio, mejores vidas que sus antepasados. La realidad demostró que una simple operación matemática no podía captar la complejidad del tema, no se trata solo del costo de las personas, sino también de lo que agregan: “quizás la narración más simple es que cada boca viene con un par de manos, seguramente demasiado simple, pero una mejor aproximación a la verdad que la historia en la que cada persona nueva viene sin nada ”(Angus Deaton, 2013).

Los niños que estaban causando el auge poblacional nacieron por voluntad de sus padres en la mayoría de los casos. No todos tenían acceso a anticonceptivos de bajo costo, pero según el autor, las pruebas demuestran que, en promedio, las personas querían y aún quieren tener los hijos que traen al mundo. Los bebés que están reduciendo los recursos familiares aún están por mostrar su potencial económico y las perspectivas económicas de padres e hijos son mejores que nunca. Muy probablemente el futuro de los niños esté por encima del punto básico de subsistencia que hace que la vida valga la pena y es seguro decir que los niños adicionales añaden al bienestar familiar debido a que los padres pueden sopesar los beneficios de la paternidad y sus alegrías con sus aspectos negativos .

En esta parte del libro Deaton muestra una parte de su alma de economista, asumir que los padres hacen un ejercicio tan racional antes de tener hijos es cuando menos una premisa controversial. Además, para tratar temas importantes como este resulta recomendable presentar evidencia abrumadora, no solo mencionar su existencia. Muchas de sus declaraciones no están acompañadas con datos que permitan probar su veracidad y la conclusión se vuelve incierta. Parece ser que, efectivamente, en la mayoría de los casos los niños recién nacidos suman al bienestar familiar, pero debe ser analizado más a fondo en el futuro, sin olvidar analizar y atender los casos obvios en los que una familia en situación de pobreza está a punto de tener su duodécimo hijo, incluso si estos casos ya no ocurren tan a menudo.

Continuando con el tema del crecimiento poblacional, tengo menos desacuerdos con la segunda parte de la argumentación de Deaton. Los individuos nuevos, que probablemente están incrementando el bienestar de sus familias, pueden ser negativos para la sociedad en su conjunto: los sitios concurridos, el agua sucia y el calentamiento global, parecen estar relacionados con la superpoblación. Además, este último, el calentamiento global, tiene a una parte importante de las población mundial preocupada y nerviosa. Sin embargo, también vale la pena decir que distintas instituciones públicas y privadas han apoyado el control población en terceros países sin tener en cuenta la opinión y las necesidades de la población local. Estas organizaciones a veces pretenden ayudar a las personas a nivel personal y/o pretenden ayudarse a sí mismas como parte de la sociedad que sufre las consecuencias negativas de la superpoblación, pero sus resultados cuentan una historia diferente.

“Algunos de los peores abusos se produjeron en la India, donde la esterilización voluntaria a menudo estaba lejos de ser voluntaria. Aunque fueron los políticos y funcionarios de la India los que cometieron el abuso, instituciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y el Banco Mundial tienen una gran responsabilidad en su fomento, apoyo intelectual y financiero. La política de un solo hijo en China, impuesta por un gobierno no democrático e inspirada por las preocupaciones occidentales sobre el exceso poblacional sigue vigente hoy en día y es uno de los crímenes más graves cometidos por un gobierno moderno contra su pueblo” (Angus Deaton, 2013).

La forma en la que se vive parece ser una causa tan importante para el calentamiento global como la explosión demográfica, especialmente teniendo en cuenta que este fue un evento temporal y que la tasa de crecimiento de la población ha disminuido del 2,2 por ciento en 1960 al 1,1 por ciento en 2011, llegando a un punto en el que podría haber dejado de ser una preocupación global relevante. Los países más poblados, China e India también son los que han experimentado un mayor crecimiento económico en los últimos años y la razón fundamental por la que la población mundial se está acercando en términos del ingreso salarial. La pobreza extrema también se ha reducido a nivel mundial gracias a estos países y este no es un logro menor. No son solo dos países, sino que son los países que tienen el porcentaje más alto de la población mundial.

Ahora bien, el resto del mundo no está haciendo un buen trabajo y si uno saca a los dos gigantes de la ecuación, la situación no es tan optimista. Los países ahora son más desiguales entre sí y el mayor fracaso en términos de pobreza es África subsahariana, puesto que en términos porcentuales, la población que vive con menos de un dólar cambió de 43% en 1981 a 37% en 2008, pero en este caso las cifras no porcentuales muestran un aumento de 169 a 303 millones de pobres. La desigualdad interna parece estar creciendo en la mayoría de los países y la pobreza que ha disminuido en algunos de ellos no está disminuyendo en todos. La situación parece mejor a lo largo del mundo pero no mucho mejor y una de las cuestiones que explican este fenómeno, según Deaton, es la “Ayuda para el Desarrollo” que se da de los países ricos a los pobres. No todos los tipos de ayuda han sido perjudiciales y el autor incluso reconoce que en términos de salud podría ester teniendo éxito, pero el dinero que se gasta para ayudar a los pobres y promover el crecimiento económico muy probablemente está haciendo lo contrario.

5. Conclusión y recomendaciones “El daño de la ayuda para el desarrollo”

Screen Shot 2018-10-25 at 11.49.27 PM

La mayoría de la ayuda no se otorga a individuos, los países son los que la reciben, pero no la obtienen en proporción al tamaño de sus economías, si eso fuera cierto, India y China deberían haber recibido la mayor parte de la ayuda. Las instituciones que brindan ayuda tienen una comprensión muy básica de las diferencias entre países y parecen creer que ayudar a más países es mejor, la cual también es la opinión general de su público e incluso puede ayudar a esas organizaciones en términos de marketing y legitimidad. Difundir una cantidad similar de ayuda entre los diferentes países significa que los más pequeños reciben más en relación con su tamaño y puede ser una de las razones más importantes para explicar porque hay países que reciben más ayuda que otros, pero no es la única. Los países que tienen una buena relación con sus ex colonias, como Gran Bretaña, están prestando más ayuda a ciertos países solo por esta razón en lugar de cualquier otra relacionada con sus problemas económicos.

A pesar de estos errores, los habitantes de China e India probablemente deberían sentirse agradecidos porque a los dos les está yendo mejor que a otros países que reciben más ayuda. Deaton muestra que los países más pequeños suelen tener gobiernos incompetentes, mucho apoyo económico y un crecimiento económico lento. Los países más pobres del mundo están en África y el continente ha sido “apoyado” fuertemente por la Ayuda para el Desarrollo: “En los últimos años, un habitante del país promedio en África subsahariana ha recibido aproximadamente $100 al año de ayuda en términos de poder adquisitivo, una suma equivalente a aproximadamente el 20 por ciento del ingreso nacional en el país promedio”(Angus Deaton, 2013). Sin embargo, los resultados de estos países fueron los peores del mundo y el autor da algunas razones que podrían explicar esto.

Los recursos no se gastan adecuadamente y incluso llegan a sostener gobiernos corruptos y antidemocráticos. Las instituciones que proporcionan ese dinero a veces identifican el problema, pero suele estar en contra de sus intereses detener la ayuda que estaban dando. Las organizaciones tratan de preservarse a sí mismas y sus funciones, además, el mensaje político que darían al dejar de “apoyar” a los pobres podría ser perjudicial para sus intereses. Incluso si no estamos de acuerdo con las razones de estas instituciones, el hecho es que no dejan de dar ayuda cuando deberían. Asimismo, la ayuda para el desarrollo también podría estar actuando en contra del sistema democrático porque los gobiernos no reciben el dinero de sus ciudadanos y por lo tanto no tienen ninguna obligación de escuchar su opinión. La posibilidad de que los donantes establezcan condiciones, que generalmente son ignoradas por los gobiernos, es incluso discutible porque carecen del conocimiento local y más bien deberían convertirse en un actor más del sistema democrático.

Deaton tiene una solución diferente al problema, detener este tipo de ayuda podría ser la mejor manera de ayudar a los pobres. Hay otras áreas en las que es posible enfocar el apoyo como la regulación del comercio y el libre transito de personas, entre otras medidas que son necesarias para que la globalización funcione. El crecimiento en los países pobres en realidad incrementó cuando terminó la Guerra Fría y bajaron los apoyos económicos, mientras que el crecimiento disminuyó con el regresó de la caridad. Probablemente esto sea una coincidencia que debe analizarse más a fondo en el futuro, pero Deaton parece estar en lo cierto, si la Ayuda para el desarrollo no comienza a funcionar, probablemente debería detenerse por completo, una conclusión interesante para un libro tan recomendable como controversial.

6. Referencias

Atkinson, A. B., Thomas Piketty, and Thomas Saez. 2011. “Top Incomes in the Long Run of History.” Journal of Economic Literature

Biography, Professor Sir Angus Deaton, available from https://scholar.princeton.edu/deaton/biocv accesed on September 13, 2018

François Bourguignon and Christian Morrisson, 2002, “Inequality among world citizens: 1820–1992,” American Economic Review 92(4): 727–44

Gates Bill, 2014, “The Great Escape Is an Excellent Book With One Big Flaw”, available from: https://www.gatesnotes.com/Books/Great-Escape-An-Excellent-Book-With-One-Big-Flaw accessed on September 13, 2018

Goodreads rating, available from: https://www.goodreads.com/book/show/17942017-the-great-escape accessed on September 13, 2018

Peter J. Walker profiles Angus Deaton, who connects the dots between theory, policy, and people’s lives, International Monetary Fund, available from https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2018/03/people.htm accesed on September 13,

Piketty, Thomas. 2014. Capital in the Twenty-First Century. Boston: Harvard University Press

Thaler, Richard, and Cass R. Sunstein. 2009. Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness. London et al.: Penguin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s