AMLO, la consulta ¿un cambio en la forma de gobernar?

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Pensar cómo gobernará AMLO durante los próximos 6 años genera dudas, cuestionamientos y, por supuesto, críticas. Estos tres elementos son fundamentales para la vida pública de los países, e inevitables cuando se presentan cambios en materia de Gobierno y Administración Pública. Por lo que estudiar a la persona que encabezará el poder ejecutivo; saber cuáles son sus filias, sus métodos, sus gustos, su preparación, etc, parecen ser las preguntas del millón.

López Obrador no es un neófito en el ejercicio gubernamental, por lo que vale la pena recordar que durante el periodo de 2000 a 2005 fungió como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, la urbe más grande y compleja del país; sabe lo que significa coordinar grupos de trabajo, afrontar contingencias sociales, económicas, naturales y, sobre todo, tomar decisiones públicas y asumir sus consecuencias.

AMLO, dada su trayectoria, no tendría por qué ser un personaje “extraño” para la sociedad. Los ejercicios dirigidos a buscar similitudes entre él y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, se distancian de la realidad y pareciera que López Obrador únicamente es un “extraño” para quienes durante años e incluso décadas se acostumbraron a negociaciones sin participación ciudadana activa. Para este segmento de la sociedad se trata de un cambio de paradigma porque no están acostumbrados a que la sociedad civil exponga sus puntos de vista; el sector empresarial está a la “expectativa”, pero como buenos empresarios y hombres de negocios no se dejarán llevar por fobias hacia el próximo presidente o por lo menos eso se espera.

El ejercicio de la consulta, de días atrás, por supuesto que tuvo deficiencias o puntos de oportunidad, según el lado de la moneda que se quiera ver; pero la cuestión de análisis no debe verse reducida a la consulta por sí sola:

“Mucho se ha discutido en estos días en México en torno a la consulta que convocó el gobierno electo para definir el futuro de la magna obra de infraestructura del (diluido) gobierno de Enrique Peña Nieto. Que si las mesas de consulta estuvieron ubicadas en municipios sin lógica representativa ni muestral, que si no había controles de seguridad y alguien podía votar las veces que quisiera, que si no había resguardo de datos personales, que si la pregunta estaba amañada, que si solo estaba votando un millón de personas para un país de más de 120 millones de habitantes […]”[i].

Más allá del ejercicio ciudadano y de la posibilidad de hacerlo más estructurado y acompañarlo con un respaldo institucional fuerte, la consulta representa una de las formas (distinta a gobiernos anteriores) que el próximo Gobierno utilizará para tomar decisiones públicas.

Hay sectores que cuestionan el poder del bono democrático con el que cuenta AMLO e incluso señalan que éste ha perdido fuerza antes de que el presidente electo se convierta en titular del ejecutivo. Lo cierto es que el electorado que decidió votar a favor de MORENA en el pasado proceso electoral le brindó un respaldo de más de treinta millones de votos. Si bien existen distintas visiones entre los electores que otorgaron esta fuerza, vale la pena rescatar las siguientes:

 1.- Le di mi voto para que él hiciera lo que considere más conveniente y no lo voy a dejar de apoyar (en su mayoría esta es la postura de la gente que ha acompañado a Obrador desde las elecciones de 2006 y 2012).

2.- Vote por AMLO, pero aún no estoy seguro que haya sido lo mejor (personas que en su mayoría es su primera elección).

Las dos posturas pueden ser validas; pero hay que recordar uno de los principios básicos en materia de Gobierno y de Administración Pública: todo cambio estructural requiere tiempo y sustento en términos reales. En el sector gubernamental no se puede cambiar a la misma velocidad a la que las sociedades cambian, por lo que es necesario esperar tiempos institucionales. Lo que ha hecho el equipo del próximo gobierno federal antes de iniciar su gestión es llevar a cabo reuniones de trabajo, con distintos sectores de la sociedad, en las que se están delineando acciones que van a realizarse una vez que la transición se lleve a cabo formalmente.

Aprovecho para hacer un paréntesis y plantear le necesidad de recortar los tiempos de transición de una administración a otra debido a que esto genera vacíos de poder entre la autoridad que está por salir y la autoridad electa. En los países que suelen presentarse como modelos democráticos los tiempos de transición no están ni remotamente cerca de los tiempos mexicanos. El argumento de que ese tiempo sirve para hacer una entrega ordenada no es válido, ya que una administración pública que se rige bajo los principios de transparencia y rendición de cuentas debe contar con toda la información necesaria, de manera que pueda hacerse la entrega-recepción en la menor cantidad de tiempo posible (cierro el paréntesis).

En el Gobierno no se cuenta con una “varita mágica” que permita satisfacer todas y cada una de las demandas de la sociedad. En la toma de decisiones gubernamentales siempre habrá uno o varios sectores insatisfechos y dudo mucho que la próxima administración sea la excepción a la regla. Incluso existirán quienes lleguen a sentirse agraviados de manera “personal”, pero cabe recordar dos puntos:

El primero es que cualquier Gobierno cuenta con recursos limitados, de ahí la importancia de establecer prioridades, y el segundo es que el actuar del Gobierno siempre debe estar apegado al marco normativo y por lo tanto las decisiones púbicas cuentan con el apoyo de instituciones igualmente públicas.

Hasta el momento las formas permiten identificar que se están haciendo las cosas de manera distinta y esto por sí solo no es algo positivo. Lo que puede resultar positivo es que la ciudadanía exprese sus puntos de vista y sea considerada para la toma de decisiones públicas. Acompañemos el proceso de gobierno, siendo vigilantes, observadores y exigiendo, en los casos necesarios.

Finalmente, reitero lo que mencioné al principio del presente texto, las dudas, las críticas, los cuestionamientos sobre el manejo de la próxima administración federal, están y estarán desde el principio, durante y al final de los seis años que dura el mandato, no por el simple hecho de que AMLO encabece dicho Gobierno, sino porque corresponde como sociedad estar pendientes del actuar gubernamental. La capacidad de cuestionar debe estar presente siempre, sea de uno u otro color, de uno u otro partido (izquierda o derecha), cuestionar el porqué de las cosas debe ser una constante porque permite enriquecer la diversidad de ideas.

[i]Warkentin Gabriela, Consultar al pueblo,  en línea, consultado en: https://elpais.com/internacional/2018/10/30/mexico/1540864041_263985.html,

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