Ejercer soberanía, el reto de los venezolanos

Hoy el ciudadano venezolano tiene dos relaciones con el Estado: el terror o el subsidio.

Juan Guaidó, @jguaido, enero de 2019.

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La soberanía de una nación se expresa en el respeto a los derechos sociales de su población, a las garantías individuales, a los derechos políticos de sus ciudadanos; en la protección de sus recursos naturales y económicos, de su territorio, de su cultura, etcétera. Inicia con un proceso interno porque su fuerza legal, política, económica y cultural, la constituyen los connacionales a través de un pacto social que se expresa en la Constitución. Una comprensión amplia e inclusiva de la soberanía requiere algo más que teoría política; requiere sentido histórico, filosófico y jurídico de la mecánica del cambio de régimen en el siglo XXI, y, definitivamente, mucho más que oficios dictados, a petición de parte, por gobiernos autoritarios que lucran con la historia para tratar de evitar que el mundo reconozca la ausencia de elecciones democráticas.

Sin soberanía nacional, la sociedad queda indefensa ante un gobierno que no respeta el pacto social y basa su autoridad en su fuerza militar, en la represión y en la censura. En Venezuela los medios de información de circulación nacional tienen prohibido mencionar el nombre de Juan Guaidó, presidente encargado de dirigir la transición democrática en Venezuela y llamar a elecciones libres y soberanas. Repetidamente, en su cuenta de Twitter, Guaidó hace un llamado de atención a “no caer en desinformación ni mensajes que buscan división. Momento de unión y articulación de todos los factores y partidos del país. Atentos siempre a verificar fuente de la información antes de difundir”. La desinformación, las noticias falsas, el miedo, el escándalo, la confrontación son el recurso de una dictadura que logró manipular, por dos décadas, a millones de venezolanos, y en el proceso destruyó al Estado de derecho y a su propia base social.

Hoy, escucho un clamor por la reivindicación de los derechos humanos y por la reconstrucción del pacto social en Venezuela que crece allende sus fronteras (militarizadas con apoyo de soldados rusos), se funda en la restauración de la soberanía territorial y llama a los defensores de los derechos humanos a cruzar esas fronteras que han dejado sin instituciones, sin derechos y sin recursos a la mayoría de los venezolanos. Es inhumano generar pobreza, rencor, hambre y terror con el uso de una represión ilegítima por parte del Estado y cuantimás, si el encargado de poner orden, el Tribunal Supremo de Justicia, es designado arbitrariamente por el dictador, antes de perder la mayoría en la Asamblea Nacional Venezolana (ANV), y solo persigue, castiga y encarcela a la oposición, venga de donde venga. Ante este panorama, cobra una fuerza fundamental el discurso de Juan Guaidó: “Colaborar con el sistema no le garantiza nada a nadie”. La intervención internacional se exige cuando los derechos humanos están vulnerados, todos somos testigos de la crisis humanitaria, la solicitud de refugio que los venezolanos piden a los países vecinos, del nivel de la inflación, del desabasto, de la desnutrición.

La solicitud de intervención de organismos internacionales y, en primer lugar, de la representante Michelle Bachelet, comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, es una importante acción que realiza Juan Guaidó, ya no como presidente de la Asamblea Nacional sino como presidente encargado de Venezuela, para romper el cerco militar que ha dejado decenas de muertos y centenares de presos en lo que va del año.

Revertir una dictadura sin violencia, sin armas, sin intervención militar externa, a puro golpe de persistencia política, de respeto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; convocar a la unidad de todos los sectores del país a la reconciliación nacional, a recuperar la democracia con “justicia, encuentro y perdón”, implicó el diseño y construcción de una estructura supra gubernamental en apego a la Constitución y a través de los Cabildos y la Asamblea Nacional.  En el concierto internacional se escuchan voces que pretenden defender la soberanía del gobierno de Venezuela de la intervención de potencias extranjeras, como si Venezuela actualmente fuera una nación soberana.

Los venezolanos decidieron, después de haber probado diferentes instrumentos de la política convencional, ejercer su soberanía. Guaidó lo explica con claridad y simpleza, refrenda la voz de una gran mayoría que involucra la trayectoria de la izquierda del partido Voluntad Popular, como actor principal, pero también a la derecha disidente Chavista. “Tenemos la conciencia de que ya hemos hecho todo: hemos votado, hemos protestado, hemos hecho huelga de hambre, y nos han asesinado, perseguido, encarcelado.”

Así lo explica la norma constitucional vigente:

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos.

Contrastar los hechos con este artículo es suficiente para demostrar la legitimidad y el liderazgo de Juan Guaidó como presidente encargado; sin embargo, el artículo 233 establece que, a falta de presidente electo, el presidente de la ANV se encargará de la presidencia de la república, nada que ocultar. Existe una transferencia de competencias del ejecutivo al legislativo. Nicolás Maduro realizó unas elecciones ilegítimas. El secretario de relaciones Exteriores británico, Jeremy Hunt, así lo constata:

La elección del 20 de mayo fue profundamente defectuosa. Las urnas estaban llenas, había irregularidades y la oposición estaba prohibida. Este régimen ha causado un daño incalculable a la gente de Venezuela. El 10% de la población ha abandonado el país, así es la miseria que están sufriendo.

El partido Voluntad Popular marcó el caminó hacia la construcción del Estado de Derecho, no claudicó ante la desesperanza de millones de venezolanos y la desconfianza de los ciudadanos hacia los usos y abusos de la democracia. Otras izquierdas también se sumaron a la creación de la ANV. Sabían que eran minoría, no los limitó y siguieron participando en el órgano legislativo, y a pesar de sus diferencias ideológicas, permanecieron y resistieron hasta que lograron la mayoría en el parlamento. Esa victoria no fue menor, sino que logró impactar en el escenario público mundial. Los asambleístas obtuvieron reconocimiento como fuerza beligerante en el mundo. Este reconocimiento permitió que decenas de naciones se manifestaran en contra del proceso electoral por ilegítimo y el dictador quedara en evidencia ante los ojos de los ciudadanos de Venezuela. Por fin la farsa empezó a caer, el enemigo está aislado, la camarilla de Maduro está fracturada y los ciudadanos tienen una oportunidad de oro para acorralar al usurpador del poder ejecutivo. Derrotar el miedo, reconciliarse, ejercer su soberanía con creatividad e inteligencia.

Ciertos resabios de la teoría política indican pasos para tirar un régimen dictatorial y ciertos riesgos en la intervención de países extranjeros. Se imaginan un escenario en el que un batallón de militares extranjeros toma la plaza, llega al palacio del ejecutivo y quita de la silla presidencial al dictador. Acto seguido, organiza elecciones al vapor y deja un presidente incondicional como su títere. Muchos diarios nacionales e internacionales circulan una imagen favorable a este escenario, favorable también a los intereses de Maduro que pretende, contra todo pronóstico real, mantenerse en la presidencia y juega sus últimas cartas propagandísticas:

  • Pretende que cuenta con una fuerza militar leal y disciplinada.
  • Difunde en las redes sociales que Juan Guaidó es el presidente de Wikipedia.
  • Minimiza el apoyo social de la ANV y dice que la izquierda está dividida.
  • Presenta mapas a modo del escaso apoyo internacional a Juan Guaidó.
  • Declara inconstitucional el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela.
  • Advierte del peligro de un golpe militar y rompe relaciones diplomáticas con E. U.
  • Acepta una mesa de negociación como vía de salida al conflicto, pero no dice cómo.
  • Se niega a organizar elecciones democráticas en defensa de la soberanía de Venezuela.

Esta lista de infundios es tomada por muchos, críticos o no del régimen de Maduro, como válida. Advierten que la salida idónea al conflicto es una mesa de negociación entre el presidente ilegítimo, que es un autócrata, y el presidente encargado: ¡Qué bárbaros! pretenden la posibilidad de que el dictador renuncie a su posición y llame a elecciones democráticas.  La oposición que ha logrado obtener la mayoría en la ANV ya ha recurrido a mesas de negociación y el resultado ha sido negativo porque solo se utilizan para distraer la atención. En la realpolitik venezolana es evidente que la intención de Nicolás Maduro no es dialogar, sino una táctica para ganar tiempo. A este recurso dilatorio le llaman casquillo. 

¿Cuáles son las armas de la ANV y de Juan Guaidó?

La Asamblea Nacional y el presidente encargado Guaidó, ante la ausencia de un verdadero aparato estatal, de prestación de servicios, de ayuda humanitaria; ofrece ser un vínculo con organismos internacionales y atraer recursos económicos, ayuda humanitaria y el establecimiento de un orden constitucional por la vía diplomática y con el soporte de sus representantes en los Cabildos. Veamos cómo.

Convoca a estudiantes, religiosos, emigrantes, periodistas, militares y demás factores a la unidad y reconciliación nacional. Juan Guaidó logra hacerlo porque cuenta con la legitimidad de su trayectoria política y lo atestiguan un par de perdigones alojados en su cuerpo, evidencia de que él también fue víctima de la represión. En entrevista que le realiza una periodista de un medio digital, (y que cuelga en su cuenta de Twitter) explica que no se trata de obligar o presionar a las facciones políticas para que se integren en la transición, “Aquí no se trata de romper brazos” se trata de una alianza en la que todos ganan, incluso el Chavismo disidente “la está pasando tan mal como nosotros”. Esta posición pragmática forma parte de un discurso hábil que busca generar consensos, un valor fundamental en la reconstrucción de la república. El reconocimiento a la diferencia implica pluralidad y tolerancia, el discurso del presidente Guaidó es directo, “cada quien tiene un sistema de creencias y se respetan”. No son clichés, son principios fundamentales que cobran un gran valor cuando se utilizan para combatir el pensamiento único, el populismo bolivariano, pseudo socialista de Maduro. Cada palabra cuenta, como quiere Giovanni Sartori, es un contenedor de datos.

Su lema fundamental es Estatuto de transición, gobierno de transición y elecciones libres. Día con día, alienta a la sociedad que se ha manifestado multitudinariamente en las calles, el reciente 23 de enero; da un paso a la vez y cierra sus comunicados en Twitter a la voz de Vamos bien Venezuela, El mundo está con nosotros. No es momento para discutir qué parte del mundo y si efectivamente es todo el mundo, eso toca a los especialistas, se entiende que la expresión implica no estamos solos.

Sostiene, con valor, que las fuerzas armadas son un factor de cambio y las convierte en su interlocutor. Les ofrece amnistía a través de una Ley y solicita a los venezolanos que lo ayuden a presentarla para su firma. La crisis económica afecta a todos: “Aquí todos quedamos en el mismo corral: sin luz, sin agua, sin medicinas, sin gas y con un futuro incierto.” No obstante, la amnistía tiene condiciones: “Levantar los nombres de los responsables del faes (Fuerzas Armadas), fiscales y jueces que han estado en esta masacre del 22 en adelante para solicitar inmediatas sanciones y justicia a la comunidad internacional.” La amnistía implica la separación de militares, de diferentes rangos, de la tutela de Maduro.

La estrategia de la ANV es demostrar a las fuerzas armadas que ellos tienen el aval constitucional e internacional y sustituyen a Maduro en la cadena de mando en la figura de Guaidó. No la quieren dividir ni atacar sino alinear hacia el Estado de derecho. Si esta operación política triunfa, habrá triunfado también la intervención diplomática y los instrumentos de la democracia. En un acto público, dicta su “Primera disposición como presidente encargado: Le ordeno a la Fuerza Armada no disparar más al pueblo de Venezuela ni reprimir las marchas pacíficas y democráticas.” Para lograr que la orden se cumpla convoca a ONG´s y defensores de derechos humanos a “unificar información y elevar la denuncia internacional”.

Las Fuerzas Armadas Nacionales no son soberanas porque cuentan con la intromisión de cubanos en puestos de decisión. Cubanos asesoran y dirigen a las FAN. El 25 de enero, el presidente Guaidó hace un llamado en buenos términos: “Hermano cubano usted es bienvenido a quedarse aquí en esta patria, pero fuera de los puestos de decisión.” Este párrafo se explica solo.

El presidente Guaidó y la ANV prometen el cese de la tiranía y el rescate de Venezuela; recuperar autopistas, empleo, medicinas, cama en los hospitales; la defensa del patrimonio de los venezolanos, la restitución de las fuentes de información oficial que se perdieron y la protección al ciudadano. Y pueden hacerlo porque cuentan con una estructura social de apoyo. Para lograrlo, el 26 de enero inició un proceso, que está teniendo buenos resultados, que denominan como protección de activos venezolanos. Se trata de dinero del gobierno de Venezuela que se encuentra en bancos de otras naciones y solicitan no se entregue al dictador Maduro sino a su gobierno.

El gobierno de transición va bien, va muy bien. La sociedad se muestra participativa a pesar de la fuerte represión. Más movilizaciones están en puerta. El 30 de enero hay una convocatoria para que a las 12:00 hrs.  los venezolanos salgan a la calle a manifestar su apoyo a Guaidó en todos los rincones de Venezuela. Ojalá que logren la fuerza que se necesita para la reconstrucción de su nación.

“Lo que protege el Estado de derecho es la defensa de la Constitución, es el derecho a la norma y a la forma.” Bajo este precepto, Juan Guaidó, un joven ingeniero, de 35 años, nos está mostrando cómo se defiende la democracia de manera pacífica porque aprendió en su juventud que “la violencia es el arma” de la dictadura “para confundir y separar”. Vaya lección.

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